Los vaivenes de la vida

Pronto entendió que después de llegar a la cima, invariablemente se vuelve a bajar


 

El mural Bogotá, Colombia
El mural           Bogotá, Colombia

Ese columpio artesanal lo había labrado su Apito con más cariño que con lujos. Su asiento lo construyó con un grueso tablón de una madera vieja, bastante gastada pero bien pulida por el paso de los años. Con paciencia lo fue labrando a mano en sus raticos libres.

La Plaza París, Francia
La Plaza           París, Francia

Una vez listo el asiento, procedió a amarrarlo a las ramas más bajas, pero al cabo fuertes del gran pino, con unas semejantes cuerdas gruesas, a quienes, a pesar de las apariencias, aún les quedaba mucha vida por delante. Acaso las ramas eran de las menos altas, pero no por eso dejaban de encontrarse a una considerable altura. 

Las bicicletas           Berlin, Alemania
Las bicicletas           Berlin, Alemania

 

Y finamente, en este columpio, al niño le encantaba sentarse y sentir la brisita media fresca y un tanto fría, cuando pasaba zumbando por sus orejas. Ahí, él pasaba largos ratos, tan a gusto, acentuando el vaivén de ascensos y descensos, hasta que finalmente, se sentía volando por los aires.

Sábado en la iglesia Villa de Leyva, Boyacá, Colombia
Sábado en la iglesia Villa de Leyva, Boyacá, Colombia

 

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