Leyendas en El Muro Berlin, Alemania

Cuestión de perspectivas

Con todo y todo, es solo un ladrillo más en el muro

con todo y todo, eres solo un ladrillo más en el muro… 

Pink Floyd, The Wall


El tren Calles de Berlin, Alemania
El tren amarillo
Calles de Berlin, Alemania

«Mis bisabuelos fueron verdaderos coleccionistas de reliquias del pasado. Basados en Berlin, ellos viajaron intensamente por todo el continente, aumentando continuamente su exquisita colección de objetos antiguos y regresando a su casa en Alemania, cargados de curiosidades y artefactos valiosos. Realmente de ellos heredé la pasión por las antigüedades».

«Pero como es mi costumbre, me desvío del punto que quiero demostrar. Regresando al tema, al cabo de unos cuantos aburridísimos años de vivir en casa de mis abuelos… yo me sentía atrapado y sin salida. Apenas contaba con doce años de vida y sentía que esta incipiente vida mía, no había logrado despuntar, y lo más desesperante de todo, me encontraba convencido de que la misma terminaría antes de contar con una oportunidad de florecer…».


La plazuela Calles de Berlin, Alemania
La plazuela
Calles de Berlin, Alemania

«Ahora, si me permite, me atrevo a formularle una pregunta un tanto personal. ¿Dígame, mi estimada señora, qué opina usted acerca de los milagros?».

Alicia arqueó una ceja reflejando el interés que despertaba la pregunta,

«¿Milagros, mi señor?».

«Así es, mi señora. ¿Acaso cree en ellos?

«¿Se refiere a eventos sobrenaturales que carecen de toda explicación racional?».

«Es una manera de decirlo. Sí, precisamente a ese tipo de sucesos me refiere», contestó con aire serio.

El tango callejero Calles de Berlin, Alemania
El tango callejero
Calles de Berlin, Alemania

«Para ser franca, Sir John, no. No creo en ellos, ¿acaso usted sí?».

«Para ser franco, Alicia, tampoco admito su existencia. Comparto su opinión, pero… la excepción confirma la regla, ¿no lo cree, así?».

«¡Aja! Una curiosa manera de tener lo mejor de todo. No cree en ellos, pero admite que podría llegar a suceder en ciertas circunstancias, me imagino…».

Sir John siguió adelante. «Entiendo que encuentre cerca de imposible creer lo que lo voy a decir, más bien, sospecho que pensará que estoy a punto de gastarle una broma, pero no mi querida señora… … justo cuando más lo necesitaba, ¡sucedió un milagro!», exclamó con voz triunfal. «Un maravilloso milagro que cambió para siempre mi desconsolada existencia».

Sin percatarse de lo que estaba haciendo, la señora preguntó con una voz un tanto incrédula:

«¿Un milagro, Sir John? Tiene toda la razón. Me es imposible creer lo que me dice, por la sencilla razón de que no creo en los milagros».

Leyendas en El Muro Berlin, Alemania
Leyendas en El Muro
Berlin, Alemania

 

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