La vida doméstica

Hace cuatro años tuve la fortuna de vivir la Navidad y el Año Nuevo en la hermosa ciudad de Sucre. Como resultado, nació la novela Los colores de nuestra sangre, la que se desenvuelve en escenario de esta majestuosa ciudad. Ahora, la novela se encuentra publicada y ha visto la luz. Al regresar a Sucre, he tenido la emotiva oportunidad de recorrer los escenarios de esta narrativa, reencontrándome con sus personajes al paso por sus calles cargadas de historia…


Domingo de Palmas Iglesia de San Francisco, ciudad de Sucre, Bolivia
Domingo de Palmas           Basílica de San Francisco, ciudad de Sucre, Bolivia

 Mi madre, Doña Clotilde Eloísa Algodoña, fue agraciada con poderse jactar como descendiente directa de la única familia de nobleza oficialmente reconocida en la historia moderna de Bolivia. Es más, hacia las primeras décadas del siglo XIX, al culminar el proceso de independencia en todos los países latinoamericanos, los títulos nobiliarios y sus subsecuentes privilegios desaparecieron de las Constituciones independientes de las nuevas naciones emergentes.

Día en el mercado ciudad de Sucre, Chuquisaca, Bolivia
Día en el mercado           ciudad de Sucre, Chuquisaca, Bolivia

Se dio la excepción en Bolivia al crearse el principado de La Glorieta, precisamente en la ciudad de Sucre. Este principado emanó de una bula papal, promulgada por el Papa León XIII. Por esta razón, sucedió que en la Bolivia independiente existió una familia noble: la misma que desciende de los abuelos de mi madre, para la gloria de ella y el pesar de todos los demás.

Plaza del Teatro Metropolitano ciudad de Sucre, Chuquisaca, Bolivia
Plaza del Teatro Metropolitano           ciudad de Sucre, Chuquisaca, Bolivia

Mi madre le explicaba esta atípica situación a cualquiera que estuviese a su alcance. También a quienes por su inexperiencia se dejasen atrapar. Hasta los cuatro vientos dejaron de soplar en los alrededores de Sucre, prefiriendo los fríos del altiplano y de Potosí. A los pobres vientos se les escuchaba gemir del cansancio. Junto con ellos, también se escuchaban los lamentos lastimosos de quienes cayeron sorprendidos irremediablemente en un acercamiento con mi madre. Ellos eran los desafortunados que se encontraban más que agobiados allá en la lejanía de lo aburrido, al volver a escuchar por enésima vez la consabida narración de sus orígenes nobles.

Camino al Parque Bolivar           ciudad de Sucre, Chuquisaca, Bolivia

 

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