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De cómo algunas cosas se complican

Sí, sin duda eran su familia, los conocía y los quería, pero no por eso… estaba de acuerdo con su pensamiento


Balcón Colonia Roma, CDMX, México
Balcón           Colonia Roma, CDMX, México

Cuando entró su Apá al siguiente gallinero, Camila comenzaba apenas a sacar a las gallinas al patio. Las ventilas estaban abiertas y el aire se sentía fresco y limpio. Llevaba un libro abierto en la mano izquierda, un grueso tomo que se veía bastante pesado. Con la otra mano, ágilmente abría los cercos y arreaba tranquila a las gallinas que, sin más, desfilaban hacia el solar.

Ventanal Colonia Roma, CDMX, México
Ventanal            Colonia Roma, CDMX, México

Al verla con el libro en mano, la cara de su padre se descompuso y cambió a una mueca de menosprecio. Camila volteó justo a tiempo para advertir su cara de desaprobación, reacción que, en realidad, ella ya conocía de sobra y demasiado bien.

Confundido y sin saber qué decir, decidió confrontarla. Se le quedó viendo severamente a los ojos y comenzó a decirle con voz firme:

«¿Conque esas tenemos, mija? Y usté, ¿piensa que le voy a creer que arregló esos gallineros en el poquitico tiempo que tardé en terminar mi desayuno? Me parece que usté no me conoce, mija…y que tiene mucho por vivir y más por aprender de la vida»

Maceteros Roma México
Maceteros           Colonia Roma CDMX,  México

La pequeña sí conocía bastante bien a su Apá y sus desplantes. Por lo mismo, tranquila y sin inmutarse lo escuchó hasta el final. Sosteniendo su mirada, segura de sí y sin desafío, esperó antes de responder pausadamente:

«Sí señor, tiene toda la razón».

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